La ira es la base de la agresión, la violencia y la hostilidad. Se están llevando a cabo numerosas investigaciones en el ámbito psiquiátrico y psicológico para determinar las causas fundamentales de la ira, así como diversas estrategias de tratamiento beneficiosas para adolescentes y adultos.

¿Qué es la ira?

Funcionalmente, la ira puede ser esperada, investigada así como investigada entre los niños y adolescentes por los padres fácilmente. El reto no es esperar y reconocer las causas de la ira, sino ocuparse del niño cuando está molesto o demuestra un comportamiento antisocial. La ira entre los niños puede ser entendida en diferentes entornos como la facultad, las escuelas, la oficina y el entorno nacional, sin embargo, tiene otras dimensiones también.

De acuerdo con la encuesta nacional sobre acoso escolar, 56% de los jóvenes mencionaron que habían visto a otros ser acosados en línea. Alrededor del 43% de las personas se sintieron peligrosas en línea. Según una reciente revisión sistemática realizada por Hillis. Et. Al, (Pediatría,2016), mil millones de niños y jóvenes de 2 a 17 años experimentaron violencia durante anualmente. El estudio concluyó que la exposición temprana a la violencia puede debilitar la estructura y el funcionamiento del cerebro.

Sistema inmunitario

Los niños pequeños corren un mayor riesgo de que la ira, la agresividad y la violencia afecten a su sistema metabólico e inmunitario y contribuyan a que sufran problemas de salud mental, diabetes y dolencias cardíacas. A menudo, la agresividad durante los primeros años de la infancia no se considera seriamente. La ira en los niños pequeños y en los adolescentes puede entenderse de varias maneras. Se puede plantear la hipótesis de que es un rasgo de carácter o un elemento genético.

El entorno sociocultural también desempeña un papel importante en la ira de los jóvenes. Esencialmente, la agresión es un intento de controlar y dañar a otra persona. Sin embargo, en lo que respecta a los niños y adolescentes, no deberían ser víctimas de la fuerza física o de la angustia psicológica con la intención de dañar simplemente porque actúan de una manera que no deseamos. Golpear, dar un azote o gritar al niño provocará un mal control de los impulsos, la autorregulación, además de una mala expresión de la agresividad.

Los niños del mañana no necesitan estilos de crianza autoritarios, permisivos o poco implicados, sino un sentido de tacto suave, afecto y amor. Cuanto más alto sea el tono de voz de un adulto a la hora de gestionar el enfado de un niño pequeño, mayor será su agresividad.

Recuerde

La calma, la paciencia y un entorno no violento son componentes cruciales para mejorar el comportamiento del niño. Esencialmente, el comportamiento del niño está (directamente proporcional) muy influenciado por el comportamiento de los padres. Si el padre y el niño gritan juntos, la situación sigue siendo la misma, sin mejoras. Será como dar palos de ciego que no tienen ningún resultado. Además, a la larga afecta a la confianza y la seguridad psicológica del niño (el vínculo entre padres e hijos).

Es importante darse cuenta de que un niño de menos de cuatro o cinco años no tiene intención de hacer daño a nadie a su alrededor. Le gustaría explorar el mundo a través de diferentes sentidos corporales, como tocar diferentes texturas (ejemplos: alfombras, enchufes, teclas de ordenadores portátiles, teléfonos inteligentes), observar el contraste de colores y gráficos para explorar lo visual (coger el teléfono o el iPad para encontrar imágenes o fotografías) y llorar, ya que les gusta tener su propia voz, pero pegar, patear o pellizcar a los padres o cuidadores es su objetivo fundamental.

Incluso llorar o enfadarse no es su primera opción, sólo ocurre cuando no tienen otra opción para hacer sus cosas. Los mordiscos suelen producirse por el elemento de sujeción. En esta etapa de desarrollo, el comportamiento de búsqueda de atención está muy extendido y se interpreta erróneamente como un comportamiento agresivo de los niños pequeños. Un estudio realizado por Dahl, A. (2015) en la Universidad de California también indica que el uso de la agresión de los niños pequeños no es provocado. Los niños recurren a la fuerza exploratoria para buscar atención.

Es bueno saberlo

Es de suponer que los comportamientos no provocados son menos frecuentes a partir de los 18 meses, ya que los niños comprenden que su agresividad hiere a los demás o se vuelven sensibles a la angustia de los demás. Por lo tanto, hay que entender que los niños no muerden o pegan descaradamente para molestar a sus padres y hermanos, sino debido a su propia novedad en el mundo. Los niños de hasta 36 meses son los más propensos a la agresividad. A continuación se exponen algunos de los enfoques prácticos, basados en soluciones y en la crianza, que podrían explorarse para mejorar y reforzar el comportamiento del niño, su autoestima y el vínculo entre padres e hijos. Hay que tener en cuenta que cada niño es diferente, pero aprender más sobre el comportamiento de su hijo y poner en práctica estas sugerencias de forma sistemática puede ser beneficioso.

Cuando el niño es agresivo, es esencial que los padres demuestren paciencia, paciencia y un tono de voz estándar. Gritar y vociferar no resolverá el asunto, sino que agravará la agresión dentro del niño. Además, se reflejarán las acciones de los padres. Los padres no deben perder el tiempo ni seguir el planteamiento de "déjalo estar" teniendo en cuenta que es su primera vez o que es demasiado pequeño para comprender las instrucciones y los gestos. Por ejemplo, si el niño pega a su hermano pequeño sin motivo, por primera vez, hay que abordarlo inmediatamente. Debe disculparse y tener un tiempo muerto de 3 a 5 minutos para calmarse y reflexionar sobre su error; después, los padres pueden hablar con él para que se dé cuenta del mal que ha hecho.

Debe conocer sus acciones y sus consecuencias. Nota clave: Es fundamental establecer normas para las actividades con sus correspondientes consecuencias. Los elogios juegan un papel esencial. Aprecia los intentos del niño si se comporta bien en las reuniones sociales en lugar de gritar, dar patadas, pellizcar o ser impulsivo. Alienta su comportamiento deseado recompensándole con emoticonos o pulgares hacia arriba en el gráfico de comportamiento por una gran acción o acto de bondad como abrir las puertas a muchos otros.

¿Qué hacer?

Los abrazos y los besos son buenos para calmar a un niño enfadado. De acuerdo con la teoría de la integración sensorial, los abrazos proporcionan una presión profunda en el cuerpo que es una forma estupenda de relajar al niño. El uso de mantas con peso también puede ser útil para el TDAH, los trastornos de procesamiento sensorial y el trastorno del espectro autista. La mayoría de las veces la ira es comórbida con estas condiciones. Otros enfoques pueden ser la palmadita en la espalda, el aplauso o la entrega de certificados de reconocimiento por el logro de la tarea. Algunos padres intentan reforzar el buen comportamiento regalando Lego, play station, X-Box o chocolates, que son tipos comunes de "soborno".

Esto será probablemente beneficioso a corto plazo. Cuando se deja de sobornar, el niño vuelve a tener exactamente el mismo comportamiento. Nota clave: Dar besos y abrazos es un gesto para que los niños se den cuenta de que se les valora y se les cuida porque son el verdadero amor de los padres. Para entender el pensamiento, las emociones o los sentimientos internos de tu hijo, mantén el teléfono a distancia mientras interactúas con él. Es importante dedicar tiempo al niño emocional y físicamente. Creamos distancia con el hogar para establecer y mantener relaciones con hombres y mujeres a distancia. Apagar el teléfono, sobre todo si es "inteligente", es una de las formas más sencillas que tenemos de aumentar nuestra atención y concentrarnos en el presente.

Tenga en cuenta

Los padres tendrán que entender que lo importante ahora y en el futuro está delante de los ojos y no en la pantalla de los smartphones. Si los padres no pueden prestar más atención a un niño está bien, pero ignorar su existencia no es tolerable. La ignorancia perjudica al niño emocional y anímicamente. Construir buenos recuerdos de la infancia es el deber de los padres. Nota clave: No escuchar es tolerable, pero la ignorancia es intolerable.

Decir que sí a todo no te convertirá en un padre perfecto. No es imprescindible que todas las exigencias se cumplan en todo momento. Si las exigencias están fuera de tu alcance por falta de fondos o de tiempo, siempre puedes decir NO de forma civilizada sin provocar violencia física o verbal. Querer o reflejar un muy buen comportamiento no significa necesariamente que tengas que ceder siempre en cada situación para evitar la agresión.

Que el niño entienda que todas y cada una de las demandas no son reales para ser cumplidas. De esta manera también se pueden evitar situaciones de riesgo como que nos llamen de la guardería o del preescolar, ya que el comportamiento del niño es un dolor de cabeza para muchos otros también. Es mucho mejor escuchar y enseñar a los niños la ética y las normas sociales en su casa que ser humillados delante de los invitados o de las personas de fuera. Nota clave: ¡Es importante enseñar pero no penalizar! Esta es una muy buena fuente para reducir la agresividad y la ira.

Nota final

Muchas veces los niños son extremadamente enérgicos y necesitan alguna fuente para canalizar sus energías. Cuando esto no sucede, se vuelven competitivos y difíciles de manejar. Las acciones físicas les animan a autorregularse física, mental y emocionalmente. Por ejemplo, realizar acciones de trampolín en casa o salir a los parques a realizar carreras puede ser beneficioso. Además, montar en bicicleta o jugar a las carreras de obstáculos con almohadas o peluches puede hacerse en casa. Esto también les ayuda a investigar nuevos trabajos y a aprender con la práctica.

Las acciones físicas crean y activan células cerebrales que ayudan al desarrollo cognitivo y perceptivo. Además, realizar tareas con compañeros de juego o amigos aumenta la socialización y las habilidades sociales. Nota clave: Canalizar las energías del niño en la dirección favorable. Los azotes no contribuyen a cambiar el comportamiento del niño. Muchas veces, por frustración, los padres azotan a los niños pensando que esto evitará su comportamiento indeseable, sin embargo, los azotes desencadenan más agresión y agresividad. Expresar la ira de forma pacífica es pegajoso pero más efectivo como modificación de la conducta a largo plazo en contraposición a las regañinas o los azotes.

Los azotes son una violencia modeladora que puede ser leve pero perjudicial. Hay que evitarlo por completo. Golpear de cualquier forma no enseña al niño lo que se siente al ser herido, sino que perturba la lección, dice Elizabeth Gershoff, especialista en desarrollo infantil de la Universidad de Texas en Austin. Dice que los niños no alteran su comportamiento, sino que pegan más a otros hombres y mujeres. Nota: ¡El mono ve, el mono hace! Esto desarrolla la comprensión del niño sobre el bien y el mal. La regla de no gritar o regañar no significa una crianza permisiva. Se pueden utilizar otros enfoques, como un poderoso gesto de contacto visual o poner una cara triste para mostrar desagrado por la acción del niño. A partir de los nueve meses, los niños son capaces de entender el "NO", por lo que este gesto puede utilizarse para demostrar resistencia o desaliento ante una mala acción. El pediatra Dr. Harvey Karp indica una técnica de "palmada-gruñido".